La Dictadura Militar en la Educación

La acción política de la Dictadura Militar del período 76-83 en el plano educativo expresa una diferencia cualitativa con respecto a las Dictaduras Militares anteriores.
Jorge Cardelli Dirigente de la Corriente nacional Emancipación Sur – Sec. De Cultura de la CTA Autónoma

 

03-23pag8--.jpg_88717827La acción política de la Dictadura Militar del período 76-83 en el plano educativo expresa una diferencia cualitativa con respecto a las Dictaduras Militares anteriores. En un plano más general esta diferencia está en que los elementos determinantes de la constitución y desarrollo del proceso militar 76-83 fueron compartidos por los objetivos de represión y aniquilamiento del movimiento popular, centrado en la fuerza de los trabajadores, con los de la reestructuración neoliberal de la economía, centrada en la reversión de la industrialización generada a partir de la década peronista y en la inserción en el mercado mundial a través de la prioridad de la producción agropecuaria y sus derivados. La historia de los golpes militares nos había mostrado que la represión era parte de una estrategia  general donde lo principal en lo coyuntural estaba en  lo político y en lo económico, aunque finalmente lo económico sea determinante. Esto no fue así en el caso de la Dictadura Militar 76-83. Los objetivos militares y represivos jugaron un papel principal junto a lo económico en la organización de la estrategia general de la Dictadura Militar. Este proceso de hegemonía oligárquica, donde los objetivos represivos compartieron su importancia con los objetivos de desindustrialización en los marcos de una reestructuración neoliberal, estuvo cargado de contradicciones internas que se expresaron en los diferentes énfasis discursivos. En todo caso los elementos más políticos empiezan a tomar fuerza cuando la presión popular y social los obliga a emprender la retirada. Una fecha simbólica de este tránsito  puede ser la venida de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos  (CIDH). Para finalizar este aspecto introductorio es importante reiterar que la oligarquía terrateniente fue hegemónica en las clases dominantes que dieron sustento al Golpe del 76. Esta hegemonía le dio a estas clases y a la mayoría de los generales que gobernaron durante la Dictadura, la cuota de pragmatismo como para por un lado continuar el comercio de granos con los países socialistas mas allá  de la voluntad norteamericana y por otra sostener en lo político e ideológico interno las versiones más duras del neoliberalismo de Reagan y Thatcher. Privatización de la cultura, salvaje represión al movimiento popular, condena política a cualquier proyecto de soberanía nacional y popular y condena ideológica a toda perspectiva de origen marxista o cristiana para la liberación.

En este marco la política educativa tiene dos aspectos que aparecen de manera entrelazada pero que a efectos del análisis es necesario distinguirlos para luego poder integrarlos. Por un lado está la dimensión represiva en el plano ideológico y que apuntaba a destruir todas aquellas expresiones organizativas que trabajaban en el plano de las ideas y que tuviesen relación con enunciados ligados a los conceptos de: liberación nacional y social, independencia económica, soberanía popular, clase trabajadora, socialismo, autonomía nacional, justicia social, imperialismo, monopolios, burguesía, democracia popular, cultura nacional, dependencia, etc. Desde el 55 en adelante y de manera simultánea con el desarrollo creciente del  protagonismo político de los trabajadores y del movimiento popular, de fuerte contenido antiimperialista y con un papel protagónico del peronismo, se fue articulando un intenso debate político e ideológico en torno a las características estructurales de la crisis social y política de ese momento y a las alternativas de su superación transformadora. En ese debate los conceptos arriba enunciados adquirieron un papel hegemónico y en el objetivo de su erradicación como instrumentos del pensamiento, la Dictadura identificaba a la educación (con particular énfasis la educación pública) y a las diferentes formas organizativas del movimiento cultural con más arraigo popular, como las instituciones generadoras y promotoras de los mismos. Con este fundamento la represión a la comunidad educativa y cultural pasó a formar parte de la “guerra antisubversiva”.

Esta subordinación de la represión ideológica a la guerra antisubversiva se comprende, si recordamos que en las argumentaciones discursivas de la Dictadura Militar para explicar el fuerte estado de movilización social y la creciente ingobernabilidad durante la administración de Isabel Perón, plantean que esto fue provocado por la agresión marxista internacional. Recordemos que sé planteaba que el Comunismo Internacional, expresado en ese entonces por los países socialistas, aspiraba a destruir la Civilización Occidental y Cristiana. Estábamos en los marcos de la confrontación política, ideológica y militar de los EEUU y la Unión Soviética. El primero, un imperialismo histórico con protagonismo activo en nuestro continente latinoamericano,  y la segunda, con una creciente vocación imperialista. La dirección ideológica de la represión sostenía que a través de las operaciones de penetración ideológica las organizaciones revolucionarias (por supuesto subversivas) se apoderaban de las instituciones y de la conciencia de los dirigentes sociales y por este camino llegaban al pueblo. Luego a través de su acción política lo llevaban a la rebelión.

Por otro lado está la dimensión más propiamente neoliberal que implica el asentamiento de acciones y discursos de fundamento que tienden a prefigurar la línea de avance privatista que se desarrollará posteriormente, cuando se recupera la democracia, pero con particular fuerza durante la década Menemista. Más allá que en el discurso dictatorial se enunciase la vocación de volver al “sentido esencial” que la educación tuvo en los orígenes de la República Argentina y que luego operase como fundamento del salvajismo represivo, lo real es que la educación privada y sus conceptos neoliberales se vio fuertemente beneficiada por decisiones concretas de políticas de gobierno y por la enorme promoción ideológica que recibió en detrimento de la educación pública. El argumento de que la educación pública estaba muy “infiltrada” no sólo fue funcional a la represión interna y al autoritarismo curricular sino también apuntaba a promover el desarrollo del mercado de la  educación. Esto se consolido con la llegada de Llerena Amadeo como veremos más adelante.

IVANISEVICH Y EL INICIO DE LA REPRESIÓN IDEOLÓGICA

La represión a la comunidad educativa y a la cultura se empieza a prefigurar con el Gobierno de Isabel Perón, cuando el Dr. Taiana  es obligado a renunciar  en el Ministerio de Educación y reemplazado por Oscar Ivanisevich en el año 1974. Este cambio se produce inmediatamente después de la muerte de Perón, con la asunción de Isabel Perón, donde se modifica de manera definitiva la orientación iniciada en Mayo del 73. A través de este desplazamiento se concreta la aspiración de los sectores de derecha del Movimiento Peronista, de la Iglesia Católica y también de buena parte de las Fuerzas Armadas y Policiales de dirigir la educación de nuestro país.

Con la gestión Taiana se pusieron en marcha un conjunto de propuestas inspiradas en la pedagogía de la liberación de Paulo Freire y en las corrientes del nacionalismo popular que se habían desarrollado en la década de los sesenta, con el aporte de intelectuales y organizaciones populares que la academia había rechazado (esta tenía un fuerte sesgo antiperonista y antipopular), de experiencias pedagógicas en el seno mismo del movimiento popular y también al interior de las Universidades cuando la relación de fuerzas lo permitía. Entre los nombres más importantes vale la pena destacar a Scalabrini Ortiz, Hernandez Arregui, Arturo Jauretche, Rodolfo Puiggrós, John William Cooke, las Cátedras Nacionales en la UBA, la CGT de los argentinos, Pino Solanas y la Hora de los Hornos y muchas otras experiencias y nombres más. Se hicieron visibles las posiciones políticas e ideológicas de las organizaciones armadas revolucionarias, los debates al interior del marxismo y también del cristianismo, el pensamiento revolucionario de liberación nacional y social gestado en el Tercer Mundo en la posguerra.

Estas propuestas están atravesadas por las ideas de que la  cultura es o un instrumento de dominación social y política o una herramienta de liberación. Esta última alternativa solo es posible a través de su democratización y del protagonismo popular a la hora de su producción. El estado debe jugar un papel estratégico en la implementación de estas ideas tal como lo había jugado a lo largo de toda nuestra historia, pero desarrollando y promoviendo las formas culturales  afines a la dominación social y política. Las experiencias de gobierno en el plano de la educación de adultos, de la enseñanza agrícola, de la comunicación social y de las universidades tuvieron una fuerza muy importante. Creo necesario resaltar la experiencia universitaria porque contribuye a explicar, que el salvajismo con que la Dictadura Militar actuó en las Universidades respondía a algo más que a los excesos “demoníacos” de algunos militares en términos individuales. Expresaban los intereses sociales de las clases dominantes de aniquilar un importante desarrollo de propuestas alternativas de  liberación nacional y social y con un fuerte arraigo popular. En esta experiencia la Universidad abrió sus puertas de manera irrestricta, impulsó un profundo debate político y social como punto de partida para la modernización curricular, amplió la participación estudiantil a los ámbitos de producción pedagógica y científica y finalmente inició una activa política de articulación de la Universidad con los sectores populares con fuerte protagonisno estudiantil. Esto generó las condiciones para que muchos jóvenes se comprometieran con el desarrollo del movimiento popular y se incorporaran de manera activa al mismo.

Sería muy parcial reducir sólo a las propuestas del Ministerio de Educación del Dr. Taiana este papel democratizador y transformador de la educación y la cultura y no ver, que con el triunfo de Mayo del 73 se abrieron las posibilidades de desarrollo de una inmensa cantidad de experiencias de educación popular y de articulación del conocimiento con las problemáticas sociales, que se venían gestando desde los sesenta y que esta gestión ministerial generó condiciones para su canalización. El papel de la militancia de izquierda y de los cristianos, que planteaban el compromiso social con los sectores populares como principio fue fundamental de su desarrollo, sostenidos con una gran convicción por el trabajo de base. Hoy podemos decir que las vertientes ideológicas del peronismo, del marxismo y del cristianismo fueron los nutrientes principales del debate alternativo de la época. Aquí es importante señalar que el pensamiento de Paulo Freire y de todos aquellos intelectuales como Amilcar Cabral, que veían a la educación y a la cultura como instrumentos de liberación, de recuperación y reconstrucción de una identidad para los pueblos del Tercer Mundo, habían calado profundamente en el pensamiento de una parte importante de los dirigentes populares, cualquiera sea su vertiente ideológica.

Que sea Ivanisevich el hombre que inicia la represión educativa y cultural merece una reflexión que contribuye a aclarar el carácter histórico de la confrontación política e ideológica en la educación argentina. Este hombre también fue designado Ministro de Educación en el primer gobierno peronista en reemplazo de Gache Pirán y como parte de una ofensiva reaccionaria y antipopular contra la política educativa que  estaba a cargo del Secretario de Educación Arizaga. Esta política histórica del Gobierno de Perón, en su formulación general y en su implementación contenía importantes elementos nacionales y populares. La misión de Ivanisevich era abortarlos.

También es una preocupación central de la “Misión Ivanisevich” el desarrollo de la creciente importancia de la CTERA, adquirida a partir de su fundación el 11 de Septiembre de 1973. Los docentes después de varios intentos alcanzan su unificación en el marco de un acuerdo que incluye un programa reivindicativo, el compromiso con la defensa y promoción de la educación pública con contenidos democráticos y populares y la convergencia con los objetivos reivindicativos y políticos de la clase trabajadora. Estos hechos constituirán para Ivanisevich y para los posteriores Ministros de Educación de la Dictadura Militar un logro de la “agresión marxista internacional” que necesitan ser desmantelados. El marco político del 74 y 75 no le permite avanzar mucho en esta dirección pero si sentar las bases para una continuidad ideológica de la acción represiva decidida en el Gobierno Militar.

EI GOLPE DEL 24 E MARZO DE 1976

El 24 de Marzo de 1976 las Fuerzas Armadas dan el golpe de estado y con un lenguaje cargado de mesianismo.  Anuncian que vienen a sacar a la República del caos y la anarquía en que había sido sumida, que amenazaba su propia disolución, y a sentar nuevamente las bases de la libertad y el orden que nunca debieron haber sido perturbados. Afirman que a la ineptitud, la inmoralidad y la corrupción del gobierno de Isabel Perón se sumaba la infiltración subversiva en las instituciones educativas (aquí el blanco preferido era la educación pública) y en los organismos sociales y la aspiración de las organizaciones subversivas militares de tomar el poder. Aquí es importante resaltar que el Gobierno de Isabel no era de cuño oligárquico. Más bien de carácter desarrollista, expresaba la crisis de una Argentina más industrial, más nacional,  que se había gestado en el 45 y en el seno de la cual había crecido el peronismo. El carácter central del Golpe del 76 es oligárquico. Esto explica porque los militares golpistas querían la dirección de la represión y de la economía.

Ante esto  el Ministro de Economía Martínez de Hoz anuncia la política económica, que en su ejecución sentará las bases de la hegemonía oligárquica aliada con el capital monopólico imperialista y en los marcos del credo neoliberal. Los ejes centrales de este credo se realizarán de manera concreta durante el Menemismo aunque con hegemonía del capital monopólico imperialista. Aclaro esto porque creo que hay diferencias entre el proyecto económico de la Dictadura Militar y el del Menemismo. La orden de clase era desindustrializar y debilitar a la clase obrera en cuyo seno habían crecido los cuestionamientos más revolucionarios al orden existente y destruir al peronismo como potencialidad nacionalista y popular. El asesinato de Atilio López, la muerte Agustín Tosco y el secuestro y desaparición de René Salamanca el mismo 24 de Marzo de 1976 simbolizan el carácter reaccionario y antipopular de este proceso.

La Dictadura Militar conducida por el General Videla produjo decenas de miles de muertos, desaparecidos, presos y exilados. La desaparición de personas ha sido una de las herramientas más siniestras de esta represión como forma de instaurar el terror de forma generalizada. Producto de esta técnica de represión hubo decenas de campos de concentración donde agonizaron y murieron miles de compañeros en medio de las torturas más salvajes y que jamás uno se las pudo imaginar. La indiferencia aparente con que muchos sectores medios tomaron el golpe de estado y el silencio cómplice con que pareciera que observaron la represión, suele ser evaluada como apoyo político a los militares en el gobierno. En estos análisis que no comparto, sin pretender entrar en polémica, se suele subestimar el carácter social del miedo y el terror que generaron primero los paramilitares de las Tres A en el Gobierno de Isabel Perón y luego las operaciones generalizadas de terrorismo de estado de la Dictadura Militar, que operó de manera planificada.

La educación fue considerada como un lugar donde se crearon condiciones para que florecieran las ideas subversivas y por eso era necesaria una tarea de limpieza ideológica. Todas las políticas educativas que se desarrollaron durante la Dictadura Militar han estado guiadas por un conjunto de principios comunes por lo que podemos hablar de una sola política educativa. En el plano ideológico más general se planteaba que solo se podía recuperar el clima de libertad individual después de haber recuperado el orden. Esto era coherente con la política económica oligárquica y antiobrera que inauguró Martínez de Hoz. En el mismo plano estaba la subsidiariedad del estado, la privatización de la educación pública y la transferencia de los servicios educativos a las provincias y municipalidades. Los Ministros de Educación de la Dictadura planteaban un período de monopolio ideológico y político del estado a los efectos de llevar adelante  las tareas de limpieza de las ideas marxistas,  peronistas y cristianas de liberación, de restauración del orden. En consecuencia con esto la represión en la comunidad educativa acompañó todo el Proceso Militar buscando restaurar los valores occidentales y cristiano y erradicar toda concepción crítica, cualquiera sea su origen ideológico.

La represión general en el plano de la cultura tuvo tal intensidad que contribuyó a generar un claro direccionamiento ideológico en las orientaciones curriculares. Se generó un clima cultural atravesado por el miedo y donde había direcciones conceptuales que estaban claramente prohibidas. El terror garantizaba que no haya desobediencias a la prohibición. La represión operó en todos los planos. Asesinaron y desaparecieron cientos de dirigentes culturales de los cuales son casos paradigmáticos intelectuales como Rodolfo Walsh o Haroldo Conti, dirigentes del gremio docente CTERA como Isauro Arancibia, Marina Vilte o Eduardo Requena o los jóvenes estudiantes secundarios en Septiembre del 76 y que después fue denunciada de manera ejemplar en la película “La Noche de los Lápices”. En el caso del cine entre 1976 y 1983 se censuraron 120 películas. Cayeron en esta lista una variedad de películas, algunas sin una justificación visible,  que incluye las de la Coca Sarli, el Casanova de Fellini, La Naranja Mecánica y obviamente las de Pier Paolo Pasolini, que seguramente encrespaban los ánimos del fanatismo religioso y atascaba el pensamiento de los cristianos fundamentalistas. También por razones que se sobreentienden las películas de Pino Solanas y Leonardo Favio. Artistas de reconocida trayectoria y compromiso quedaron ilegalizados como Soledad Silveyra, Federico Luppi, Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat y Norma Aleandro. Decenas de artistas fueron al exilio. En el plano de la música se prohibieron 250 composiciones musicales. La muestra más notable del salvajismo ideológico es que la lista incluía el tango “Cambalache”. En el plano de los libros fueron proscriptos los principales autores del pensamiento crítico. Entre los que más les preocupaban estaban Marx, Lenin, Mao Tse Tung,  Gramsci, “Che” Guevara, los discursos de Fidel, Paulo Freire, Eva Perón y muchos otros del estilo. Quedaron en la lista de la prohibición “La Patagonia Rebelde”, El Principito” y “Cien Años de Soledad”. La lista de producciones culturales que fueron “desaparecidas” es inmensa y en esta cantidad, como en su orientación ideológica, está la fuerza del impacto curricular de la “ideología antisubversiva” en la enseñanza, con particular énfasis en la enseñanza media y universitaria.

Ricardo Bruera fue el primer Ministro de Educación del Gobierno Militar y estuvo hasta mediados del 77. Planteó que el objetivo era alcanzar la libertad pero como paso previo era necesario recuperar el orden y los valores que hacen posible esta. Mediante la intervención de las diferentes instancias orgánicas del Sistema Educativo dependiente de Nación y de las Universidades todo quedó bajo las órdenes directas del  Ministerio de Educación. Se presionó fuertemente para que desde las estructuras de la educación se colaborase activamente con la represión militar y se instaló un sistema de represión interna que iba desde proscripciones y desplazamientos internos hasta cesantías. Liquidó de manera definitiva todas las experiencias educativas democráticas que habían logrado subsistir al Gobierno de Isabel. No solamente se profundiza la línea de Julio del 74 de Ivanisevich sino que también empieza a instalarse el discurso de la subsidiariedad del Estado y del papel central de la educación privada y religiosa. Se empieza a transferir la educación a las municipalidades.

En Julio del 77 la Junta Militar aprueba el Proyecto Nacional que había elaborado el Gral. Díaz Bessone desde el Ministerio de Planeamiento. Era un momento donde todavía el mesianismo  fundacional y el nacionalismo  católico de derecha tenían un importante peso interno. Le reprochaban a Bruera de que la educación no tuviese un mayor compromiso ideológico con la lucha antisubversiva. Le sucedió Juan José Catalán que se planteó de manera explícita llevar la lucha antisubversiva a todos los planos de la cultura y la educación. Para llevar adelante esta tarea planteó la necesidad de incorporar en el ámbito educativo y en el plano pedagógico los conceptos de guerra, enemigo, subversión e infiltración. Un planteo de tal magnitud fue fundamentado en un documento titulado “Subversión en el ámbito educativo” y que fue distribuido en los establecimientos educacionales por resolución ministerial. El folleto pretendía esclarecer a los educadores sobre el accionar integral de la “subversión” y como se los podía detectar. Es de imaginar el  clima de terror que tendía a generar una política de estas características. Estaba destinada fomentar la delación interna, la desconfianza y la subordinación ideológica total al oscurantismo clerical.

Si bien es cierto que catalán era el hombre más afín a la estrategia represiva de las Fuerzas Armadas, desde la perspectiva neoliberal en desarrollo y desde los intereses educativos de la Iglesia era más adecuado un hombre de sus propias filas, con una perspectiva pedagógica más sólida y más amplia. Así llego al Ministerio de Educación  Juan Llerena Amadeo, hombre de la derecha católica, convencido de que el marxismo atacaba las bases de la cultura occidental y cristiana y que apuntaba a la disolución moral y política de la República. Fue el Ministro que con más fuerza impulsó la privatización de la educación, el debilitamiento del carácter público de la misma y simultáneamente definía el papel estratégico de la Iglesia y la Familia en su organización. El objetivo de Llerena Amadeo es claro: predominio de la educación privada, estado subsidiario y educación pública de complemento. Todo fuertemente atravesado por el papel ideológico de la Iglesia y la Familia. Esto fue fuertemente reforzado en diferentes actos públicos donde el Presidente Videla o los generales interventores de las provincias, junto a los representantes de la jerarquía de la Iglesia, en el plano discursivo y simbólico expresaban el predominio ideológico que debía tener la enseñanza religiosa (católica) en la escuela y en la familia. Continuó el proceso de transferencia de la educación a las provincias y las municipalidades sin los fondos correspondientes, generalizó el arancelamiento a las Universidades, los cursos de ingreso, los cupos y cerró la Universidad de Luján. En el plano ideológico empezó a desarrollarse de manera activa el discurso del costo-beneficio en la educación. A través de la materia Formación Cívica y Moral  impuso la enseñanza de las  bases greco-romanas y de los principios religiosos  como raíces de la cultura argentina introduciendo de esta manera una visión racista y discriminatoria de los genuinos orígenes de nuestro pueblo.

Llerena Amadeo es la síntesis ideológica más acabada de la articulación del genocidio de la Dictadura Militar con el proyecto económico neoliberal de Martínez de Hoz. Con él se expresa la genuina intencionalidad política  del golpe militar, que era iniciar el proceso del “regreso oligárquico” actualizado vía ideología neoliberal, de acuerdo con las transformaciones del capitalismo mundializado con centro en los países desarrollados e imperialistas  y con mayor poder en los EEUU.

En esto la destrucción de la educación pública era fundamental en tanto para el movimiento popular era  un lugar donde la batalla ideológica y cultural era posible. Esta posibilidad transformadora es más rica aun cuando la escuela es democrática, financiada y comprometida socialmente. Este proceso se había iniciado en Mayo del 73 y ante su posible desarrollo el nacionalismo de derecha, que siempre fue parte  del peronismo, canalizó la oposición oligárquica y liberal y logró el cambio de rumbo en Julio del 74.

Durante la Dictadura Militar la educación pública recibió un golpe inmenso por varias razones. Una de ellas es que reinstaló el autoritarismo como práctica y como un valor en sí y que con el correr de los años se ha visto auxiliado y fortalecido por las concepciones tecnocráticas que adquirieron fuerza en la gestión Menemista. Esto se hizo de la mano del aniquilamiento de un enorme desarrollo de experiencias educativas en el seno del movimiento social  que iban en la dirección de la articulación de la escuela y la universidad pública con los intereses populares. En este proceso las consignas de la democratización de la educación adquirían su sentido más profundo, que son las del crecimiento en el protagonismo político de las mayorías nacionales.

Los restantes Ministros de Educación de la Dictadura Militar, Burundarena y Liciardo, no agregaron novedades a las direcciones que ya se habían definido. Además actuaron en una etapa donde los militares ya empiezan a sentir la presión social interna de la movilización popular creciente contra la política económica y el autoritarisno asfixiante, y la  externa por los efectos de las sistemáticas denuncias a las violaciones de los derechos humanos hechas por los organismos de Derechos Humanos que se habían generado en nuestro país en la lucha contra las salvajes violaciones de los mismos y por los miles de exilados que había en diferentes partes del mundo europeo y latinoamericano. Este retroceso que empieza con un discurso negociador o con un tono más conciliador se ve acelerado la derrota en Malvinas y por la fuerte presión popular en las movilizaciones del 82 y 83. Esto se vivió en la educación como  un poco de afloje en la represión pero de ninguna manera como un cambio en las direcciones ya establecidas y que eran las afines a la reestructuración neoliberal.

Antes de finalizar quiero señalar que en este trabajo solo he apuntado a mostrar las direcciones de la política educativa de la Dictadura Militar y algunos de sus orígenes, en sus articulaciones con la represión militar y con la reestructuración oligárquica y neoliberal iniciada por Martínez de Hoz. Ha quedado afuera de los objetivos del mismo describir las diferentes formas de resistencia, primero de tipo capilar y después de manera abierta, que se dio a esta política en las diferentes estructuras del sistema educativo.

PARA FINALIZAR

Estoy escribiendo a 40 años del Golpe del 76 y pareciera que está muy lejos, que más que memoria es historia. Pero no es así porque seguimos en el mismo marco histórico del capitalismo mundializado, del imperialismo y la dependencia. Hoy la censura ideológica continúa pero con la diferencia de que en la Dictadura Militar era política, explícita y violenta. La persecución ideológica continua pero con la diferencia de que hoy es sutil y que en aquel momento además de ideológica era política, explícita y violenta. Que hoy la situación sea diferente es producto de la lucha popular, de que los hicimos retroceder a través de un poderoso movimiento de derechos humanos. De que la violencia debió ceder espacio a la hegemonía como forma de dominación pero la misma no se fue. Opera bajo la presión económica, la de las condiciones de trabajo y hasta la del miedo a perder el trabajo. O sea continúa operando una forma de violencia no visible.

Con esto quiero decir que ni la censura, ni la exclusión ni la persecución ideológica han desaparecido. Hoy necesitamos hacerla visible no solo en el “continente discursivo de la ideología dominante”, sino también en los diferentes mecanismos donde opera la violencia de la presión económica. La educación se desenvuelve en el marco de un proceso donde la censura, la exclusión ideológica y las formas sutiles de persecución garantizan que la misma se desarrolle en los marcos donde están garantizados los aspectos principales de la ideología dominante.

Para revertir la censura, la exclusión y la persecución ideológica es clave el protagonismo de los trabajadores de la educación y de la comunidad educativa, organizados en alianza con la mayoría de la clase trabajadora y de los sectores populares, para protagonizar de conjunto la transformación social, económica y política de nuestra patria, afirmada en el ejercicio de la soberanía nacional y popular y en los objetivos del tránsito hacia el socialismo.

Jorge Cardelli (DC)

Jorge Cardelli     Dip. Nacional 2009-2013

Dirigente de la Corriente Nacional Emancipación Sur

Sec. De Cultura de la CTA Autónoma