HABLEMOS DE POLÍTICA

OPINIÓN
De la sensibilidad y el compromiso de los militantes populares , como Raul Cima, compañero de Córdoba, surge la reflexión y el pensamiento cristalino que aporta al debate y al crecimiento como ciudadanos responsables que sueñan con una patria mas justa.

POR: Raul Cima

Comencemos aclarando qué significa Política. Vemos que este nombre no es una ocurrencia sino que tiene su origen en la palabra Polis, Ciudad, y se refiere la vida de la sociedad. O sea que, todo lo que uno hace a nivel individual, privado, responde a la responsabilidad de cada uno y no es cuestionable, pero cuando se trata de dos o más personas con las que se debe compartir una convivencia, hay que intercambiar opiniones para que sea llevadera en beneficio de todos. Y a eso se refiere la Política: se trata pues de la vida social.
De ello se desprende entonces, que los ciudadanos, además de nuestra vida individual, somos todos seres políticos. Y como tales, todos tenemos el “derecho incuestionable” de participar activamente con nuestra opinión en la construcción de las pautas de funcionamiento o el Orden Social que nos rija para alcanzar una convivencia en Armonía, Paz y Bienestar para todos. Un ejemplo práctico: si organizamos una fiesta de amigos, no decide uno solo, sino que dialogamos sobre el lugar a dónde concurrir, hora, comida, música, etc. Y si uno propone el resto tiene la libertad de aceptar o no según su decisión personal.
¿Y como se da esto en la realidad social? Siendo grande el número de personas que intervienen para llegar a los acuerdos, se debe tratar de unificar criterios sobre las maneras diversas de vida y necesidades, por lo que debieran participar todos dando su opinión pues todos tienen los mismos derechos. Luego, ante la dificultad de moverse en masa, se deben buscar las coincidencias mediante “delegados” que representen claramente dichas posiciones grupales, “Representantes” que deberán respetar el mandato otorgado por su grupo sin modificarlo, con la obligación de rendir luego cuentas a sus mandantes de los acuerdos logrados, y cuyo cargo no implica ni estabilidad, ni la cesión de un “poder” estable para hacer lo que quiera, y puede ser renovado cuando así lo decida la mayoría. De funcionar así en armonía, estaremos hablando de una verdadera organización democrática, es decir decisión y gobierno del pueblo.
Pero como la humanidad ha sido copada y organizada según el criterio de una minoría que se apoderó de las riquezas, para mantener esos privilegios, ha ideado una forma política que no responde a aquellos criterios, sino que han impuesto a la población una “falsa democracia electoral”, en la que no es el Pueblo quien decide, sino que él sólo elige mediante elecciones a sus delegados o representantes, quienes, en lugar de realmente “re-pre-sen-tar al Pueblo, se convierten en Gobernantes y son ellos los que “dictan” y deciden qué es lo que se hará y las necesidades que se van a satisfacer, sin rendirle cuentas. Y con ello, le quitan al Pueblo sus legítimos derechos humanos-políticos a decidir dejándole sólo el derecho a la elección, asumiendo aquellos las decisiones, por lo que pasan a ser los denominados “políticos profesionales” pues hacen de esa vida una profesión, por cierto que con inmensos privilegios que no comparten con la población brindados por dichos poderes económicos. Y todo ello esta claramente establecido en el simple art. 22 de la CN. Por lo cual se puede afirmar sin temor que estos gobiernos de políticos profesionales, son falsas democracias y verdaderas Dictaduras Políticas, que solo cambian las charreteras por el traje y la corbata.
Así, por todo lo antes dicho, se puede sostener entonces que solo nos libraremos de ellas, cuando el Pueblo se una en sus coincidencias vitales básicas y construya una verdadera DEMOCRACIA, PARTICIPATIVA, por la cual pueda controlar a sus representantes, exigiéndoles la consulta y la rendiciones de cuentas de su accionar administrativo, y de no cumplir, ese pacto de lealtad, se les pueda revocar el mandato que les damos cuando el Pueblo lo considere, mas allá de haber sumido por determinado tiempo.